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Petro y olé

Por: Humberto de la Calle

humberto-de-la-calle-altaEl alcalde Petro ha llamado a discutir la validez de las corridas de toros.

Enhorabuena. Confeso mis deslices juveniles. No había corrida en Manizales a la que no asistiera este plumífero con bota pamplonesa y manzanilla guapa (un seudo vino dulce bastante puerco y sin parentesco con la verdadera manzanilla).

Con el paso del tiempo, pienso que es un espectáculo deprimente, manifestación contemporánea de un viejo hilo genético que quizá se explica porque en la época en que el hombre trashumante estaba obligado a cazar, alguna diversión habría que agregarle al trabajo. Los toros son a la caza como el tinto a la oficina.

Mi propuesta es el rito portugués: rescatar el arte, pero eliminar la muerte.

Lo digo porque los defensores de la fiesta brava se escudan en el argumento de que hay valiosos elementos artísticos. La equiparan con el ballet. Pues bien. Rescatemos el ballet y envainemos la espada.

También alegan la persistencia ancestral de las corridas. Pero ancestral es también la ablación del clítoris y a nadie se le ocurriría protegerlo como patrimonio histórico de la humanidad. No es chiste. Hay quienes han propuesto esta calificación para la fiesta taurina.

Nos oponemos a la martirización injustificada de un pobre animal. Con esto, de una vez, les salimos al paso a quienes defienden las corridas apelando al matadero. Una cosa es la necesidad alimentaria y otra el placer sádico. Se agrega que el "pobre" animal tiene cuernos afilados, que no se trata de un caso de matonismo porque también el torero puede morir. El argumento pretende anular el salvajismo con más salvajismo.

La propuesta del alcalde es abrir la discusión. Es razonable. En un marco pluralista podemos buscar variantes dentro de la misma fiesta brava, como lo sugirió la Corte Constitucional en la sentencia de 2010, cuando dijo que aunque la ley que autoriza estos espectáculos con animales no es inconstitucional, sin embargo, los animales deben "en todo caso recibir protección especial contra el sufrimiento y el dolor durante el transcurso de esas actividades".

De Petro dirán dos cosas: que con esto quiere hacer política. El argumento es inane. Colombia es un extraño país donde se les pide a los políticos que se hagan elegir, pero que, una vez logrado este propósito, enmudezcan como peces. Es como permitir la liturgia a los seminaristas, pero negarles a los curas la posibilidad de decir misa. Una cosa es el abuso del presupuesto. Otra la obvia intervención en política de los políticos.

Se agregará que se trata de un exguerrillero que ahora quiere lavar su pasado. Que tanto la propuesta de desarme como la de las corridas son sólo operaciones de taumaturgia política para esconder su biografía. Algo de verdad puede haber en esto. Pero mientras sea para evitar la violencia, bienvenido al club de los pacíficos. A Petro hay que juzgarlo por la solvencia de sus propuestas. Son legítimas por tanto las advertencias de Peñalosa, Mockus y Gina. Pero condenarlo porque ahora quiere promover la no violencia es un verdadero contrasentido.

Tomado de elespectador.com - Domingo 15 de Enero de 2012 - Click aquí